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Un Plan B

Hace unas semanas tuve la oportunidad de intervenir en una charla en CaixaBank. Dentro de las actividades que organizan en algunas de sus oficinas incluyen un ciclo llamado DialogA, en el que se tratan distintos temas de actualidad, empresa, liderazgo etc.

En este caso la ponente, Montse Escobar, nos contó muchos datos interesantes sobre las mujeres – o mas bien su ausencia – en cargos directivos. Nos habló de por qué no mejoran las cifras, de si las políticas de las empresas son meras estrategias de marketing de cara a la galería o si verdaderamente buscan un cambio de actitud en las cúpulas directivas que permitan a las mujeres sentirse cómodas aceptadas y valoradas en puestos que exigen un alto coste personal.

Hablamos, cómo no, de conciliación, de motivación de brecha salarial…y también de si llegaba un momento en el que las mujeres ponían en la balanza su ambición laboral frente a sus renuncias personales y si compensaba o no llegar tan alto. Muchas de las cuestiones quedaron sin respuesta, aunque las cifras no son desde luego alentadoras.

Por mi parte, Montse me pidió que contara mi experiencia, cómo había asumido el cambio desde una empresa grande en un sector tan potente como el farmacéutico, con un puesto de cierta responsabilidad, a ser autónoma y regentar un pequeño negocio casi de artesana.

Evidentemente es un gran cambio; yo tenía un puesto que además de seguridad económica me daba muchas cosas más: me brindaba cierto status social, capacidad para viajar, conocer gente, comer en sitios caros, teléfono, ipad, ordenador, coche…

El día que entregué todas las cosas “de empresa” sentí que durante muchos años mi vida, o gran parte de ella, no me pertenecía.

Montse comentaba que había mantenido una reunión con altas directivas y la mayoría de ellas no eran felices. Más bien las definió como “amargadas”. Siendo personas brillantes y buenas profesionales, parece lógico pensar que deberían cambiar. Seguramente todas ellas tienen capacidad para hacer muchas cosas que “les de para comer” y les haga más felices. Pero cuando el trabajo invade la mayor parte de tu tiempo, y te llena de todos esos “complementos” creo que es difícil tomas la decisión y renunciar a un estilo de vida que teóricamente es “lo más”.

Yo, inicialmente me aferré a mi trabajo, a mi sector, a mi status. Busqué desesperadamente un puesto similar. Era lo que todo el mundo a mi alrededor me recomendaba y esperaba de mi.

Lo que hizo cambiar fue tener un plan B (yo no lo sabía, esto me lo dijo Montse). Durante los vuelos camino de reuniones y congresos me dedicaba a soñar como sería mi vida si me tocaba la lotería. Tenía claro que me dedicaría a algo creativo o artístico, si mi economía no dependiera de ello. De esas ensoñaciones nació Pepita, como ya os conté cuando inauguré este blog mucho antes de sellar el paro por primera vez. Entonces era sólo una vía de escape para mis ideas, pero cuando finalmente me encontré sin trabajo pude darle forma y viabilidad.

chocolatinas personalizadasSi bien quedaron muchas preguntas en el aire, en la charla llegamos a esta conclusión: hay que tener un plan B. Hoy en día el mundo laboral es demasiado impredecible para creer que vas a jubilarte en tu puesto. Hay tantos factores en juego, personales y profesionales, propios y de la compañía…Evidentemente no todos vamos a perder nuestro trabajo de la noche a la mañana, pero una situación confortable o un trabajo agradable puede convertirse en un infierno, un engorro, un aburrimiento…Y debemos estar listas para adaptarnos, para superarlo y salir adelante. no necesariamente con un cambio tan radical como el mío, pero seguro que tenemos que cambiar. Porque si no te mueves, alguien te empuja. Eso seguro.

Así que, desde la comodidad de vuestras vidas tranquilas (si las tenéis) os animo a plantearos vuestro plan B. Porque es mucho mejor tenerlo preparado cuando tienes la cabeza despejada. Nadie sale a comprar extintores el día del incendio, porque cuando llegué solo quedarán cenizas, o con suerte algún tipo de ruina.

Eso sí, no se trata de imaginar mil finales para una historia inventada, ni de intentar dar respuesta a todas las variables que la vida nos propone cada día, esto es cambio constante y como dice mi madre “a cada día su afán”. Lo que creo que necesitamos en nuestro plan B es un pequeño esquema, casi un DAFO (permitidme el término marketiniano) de nosotras mismas. Lo he cambiado un poco y en realidad sería un PROF… (me encanta, me he hecho un prof)

  • Mis prioridades: aquello de mi situación actual a lo que no puedo renunciar. Lo que defendería hasta la muerte, no importa si es un bolso de Gucci. No tienes que contárselo a nadie, este es un análisis íntimo y egoísta. Lo importante es que sepas exactamente de qué no serías capaz de desprenderte.
  • Mis renuncias: parece lógico pensar que todo lo que no esté en el punto anterior. Pero no.  No es tan fácil saber a qué podemos renunciar, a cuanto, si hacemos un examen realista no vale con decidir que nos haría felices vivir en el monte alimentándonos de arándanos frescos. Porque es muy posible que tengas un hijo. Que tal vez pueda comer arándanos pero seguro que quiere una wii. Ya os digo que las mias morirían de hambre.
  • Mis oportunidades: contando con mis habilidades, qué o a quién puede necesitarlo. A quien me vendo, quién es mi público. No malgastes energías mostrando tus talentos a los que no peden apreciarlos porque sólo conseguirás ponerles en tu contra, o o ser despreciada o ignorada. Busca tu público. Seguro que alguna vez frente a la tele has pensado “qué idiotez de anuncio”: probablemente no eres parte de su público. No dejes que te pase lo mismo.
  • Mis fortalezas, lo que se hacer bien y además hago contenta, que de nada sirve ser un crack de las finanzas si te amarga la vida el estrés de La Bolsa. Conviene además que sea algo que los demás puedan valorar y a ser posible, cuantificar. Esto es especialmente importante para los cambios dentro de tu estructura laboral actual. Plantéate no sólo qué harías en una vida alternativa, sino qué podrías hacer dentro de tu marco actual que genere valor a tu compañía, tus ases en la manga.

Con estos cuatro puntos bien claros, podemos afrontar una situación laboral difícil de  manera asertiva y segura. Porque si sabemos lo que valemos, lo que costamos y cuánto nos cuesta. Por supuesto no es una fórmula mágica que vaya a asegurarnos el éxito pero al menos no nos sentiremos a la deriva.

Y, acabada esta terapéutica sesión, prometo continuar con las fiestas muy pronto, tengo un montón de cosas bonitas para enseñaros!!!!

Muchos besos de Pepita Limón

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