Inspiración, creatividad, amigas y decisiones

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Desde hace unos días, mi amiga Lisbeth me venía taladrando con una charla de mujeres y liderazgo que había en su oficina. La verdad es que la tarde de los jueves no es mi día perfecto, mi marido trabaja y las niñas no tienen actividades, así que me daba bastante pereza. Además, desde que me quedé en paro (amigos, acabo de ponerlo por escrito; claro síntoma de aceptación. ¡El duelo ha terminado!) y decidí montar Pepita, me he afanado tanto en formarme reciclarme y mantenerme atareada que he ido a muchos cursos y charlas, y todo satura.

Pero he ido. Me he pintado los morros (era de mujeres líderes, nunca se sabe a quién vas a conocer) y he acudido con las enanas en ristre, bien aleccionadas para no dar guerra. La ponente era Montse Escobar, ejecutiva de curriculum extenso y buena comunicadora, se le ve que tiene muchos Power Point a la espalda.

La charla, muy interesante, ha sido un alegato emocional y motivador en el que ha analizado el lugar que ocupa la mujer directiva. O más bien la mujer a secas, porque lo mismo hubiera servido para motivar ejecutivas que a una cooperativa de tejedoras en la India. El caso es que Montse explicaba que muchas mujeres con carreras brillantes se quedan en el camino por decisión propia, simplemente porque el coste riesgo/beneficio emocional, de vida, no compensa. Ha relatado su experiencia personal, su propia encrucijada. El día que decidió que no le compensaba el puestazo que le ofrecían frente a la vida que perdía.

Me ha hecho pensar y recordar una anécdota. Hace unos veinte años, iba yo en un tren y a mi lado una señora (eso me pareció, ahora diría chica) con la que entablé conversación. Sin saber por qué, acabamos hablando de publicidad, un mundo que entonces me fascinaba. Yo como soy una charlatana, no dudé en dar mi opinión sobre la publicidad de aquel momento, que por supuesto me parecía (tenía 20 años) una basura y cómo lo haría yo. Aquella educada mujer me escuchaba en silencio, me sonreía y me animaba a seguir opinando. Al bajar del tren, me dio su tarjeta, y me dijo que era directora de medios de una agencia en Madrid, y que si quería, al día siguiente podría empezar a trabajar de creativa.

Me halagó mucho el ofrecimiento, y le di las gracias. pero no; yo tenía un camino marcado, estaba acabando mi carrera de biología, y luego iba a investigar, crear algo desde un laboratorio. Tenía planes, lo tenía fácil, y era lo mío. Mil veces desde aquel día me he preguntado cómo hubiera sido mi vida si le hubiera llamado. Sobre todo cuando, años después, me di cuenta de que la ciencia era menos creativa de lo que esperaba. Tanto que la dejé y acabé  en ventas, y en gerencia. Y a la postre, en la calle.

DragonFly on a drumstick - óleo sobre tabla

DragonFly on a drumstick – óleo sobre tabla

Es curioso como a veces llega alguien que no te conoce de nada y en dos horas ve en ti un talento que tú misma desconoces, o que simplemente das por sentado. Algo que es lo que probablemente haces bien. Pese a que me encanta la biología, tal vez nunca me pregunté si era para lo que servía. Nunca me pregunté si el hecho de cantar, escribir, pintar, inventar cada día algo nuevo en lo que volcar mi creatividad era algo más que una afición. A veces la vida te empuja a decidir por las malas. Siempre me ha gustado el arte, pero nunca encontraba el momento de dar clases de pintura. Hasta que me diagnosticaron una rara enfermedad en los ojos. Ahí me di cuenta que no podía esperar a tener tiempo para hacer lo que realmente me gusta.

Seguramente mis cuadros nunca lleguen mas lejos del salón de mi madre, pero el placer que me proporciona la pintura va mucho mas allá de cualquier museo, de cualquier puestazo. Por eso Pepita es especial para mi, porque es lo que sé hacer y con lo que creo que puedo aportar algo de felicidad a otras personas. Ese era uno de los mensajes de la charla, haz aquello que sepas, y que haga mejores a los demás. Me ha encantado.

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Autorretrato al sol – acrílico sobre lienzo

Y, en vez de la americana y el rimel, ahora me gusta verme así, como me he pintado, con sombrero y despeinada, al sol. Me recuerda una canción de Kiko Veneno que dice «me quiero asegurar, que mi sombrero está bien roto y los rayos pueden entrar en mi cabeza». No tengo ni idea de lo que quería decir, pero me gusta pensar que es una metáfora de que hay que ir por la vida con los ojos y la mente bien abierta.

Montse es una soñadora, y dice que si haces lo que sabes hacer y lo haces desde la emoción, te va a salir bien. Yo soy soñadora pero soy gallega, así que no puedo evitar ponerle un condicional, y me quedo con que podría salir bien. En lo que estamos ambas de acuerdo, es que voy a ser feliz. Eso seguro.

Muchos besos de Pepita Limón.

 

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